domingo, 3 de octubre de 2010

Virgilio Piñera

(Cárdenas, Cuba, 1912 - La Habana, 1979). Poeta, narrador y dramaturgo cubano considerado uno de los autores más originales e independientes de la literatura de la isla, a veces catalogado como integrante de la "literatura del absurdo".

Su vida estuvo marcada por numerosos viajes, sobre todo a Buenos Aires, donde vivió una larga temporada, entre 1946 y 1958. En una primera etapa colaboró en publicaciones cubanas como la revista Orígenes, de gran trascendencia en el panorama literario insular, ya que en su entorno figuraron escritores como J. Lezama Lima y C. Vitier, con quien Piñera mantuvo más de una polémica.



Parte de su obra:

Poesía:
  • Las furias (1941).
  • La isla en peso (1943).
  • Poesía y prosa (1944).
  • La vida entera (1969).
  • Una broma colosal (1988).
  • Poesía y crítica (1994).
Cuento:
  • Muecas para escribientes (1987).
  • Algunas verdades sospechosas (1992).
  • El viaje (1992).
  • Cuentos de la risa del horror ( Antología,1994)
  • Cuentos fríos. El que vino a salvarme. Edición de Vicente Cervera y Mercedes Serna. Cátedra 2008.
Novela:
  • La carne de René (1952).
  • Pequeñas maniobras (1963).
  • Presiones y diamantes (1967).
  • El caso baldomero (1997).
El viaje

Tengo cuarenta años. A esta edad, cualquier resolución que se tome es válida. He decidido viajar sin descanso hasta que la muerte me llame. No saldré del país, esto no tendría objeto. Tenemos una buena carretera con varios cientos de kilómetros. El paisaje, a uno y otro lado del camino, es en­cantador. Como las distancias entre ciudades y pueblos son relativamente cortas, no me veré precisado a pernoctar en el camino. Quiero aclarar esto: el mío no va a ser un viaje precipitado. Yo quiero disponer todo de manera que pueda bajar en cierto punto del camino para comer y hacer las de­más necesidades naturales. Como tengo mucho dinero, todo marchará sobre ruedas...

A propósito de ruedas, voy a hacer este viaje en un co­checito de niños. Lo empujará una niñera. Calculando que una niñera pasea a su crío por el parque unas veinte cuadras sin mostrar señales de agotamiento, he apostado en una ca­rretera, que tiene mil kilómetros, a mil niñeras, calculando que veinte cuadras, de cincuenta metros cada una, hacen un kilómetro. Cada una de estas niñeras, no vestidas de niñeras sino de choferes, empuja el cochecito a una velocidad mo­derada. Cuando se cumplen sus mil metros, entrega el coche a la niñera apostada en los próximos mil metros, me saluda con respeto y se aleja. Al principio, la gente se agolpaba en la carretera para verme pasar. He tenido que escuchar toda clase de comentarios. Pero ahora (hace ya sus buenos cinco años que ruedo por el camino) ya no se ocupan de mí: he acabado por ser, como el Sol para los salvajes, un fenómeno natural... Como me encanta el violín, he comprado otro cochecito en el que toma asiento el célebre violinista X; me deleita con sus melodías sublimes. Cuando esto ocurre, es­calono en la carretera a diez niñeras encargadas de empujar el cochecito del violinista. Sólo diez niñeras, pues no resisto más de diez kilómetros de música. Por lo demás, todo mar­cha sobre ruedas. Es verdad que a veces la estabilidad de mi cochecito es amenazada por enormes camiones que pasan como centellas y hasta en cierta ocasión a la niñera de turno la dejó semidesnuda una corriente de aire. Pequeños inci­dentes que en nada alteran la decisión de la marcha vitalicia. Este viaje me ha demostrado cuan equivocado estaba yo al esperar algo de la vida. Este viaje es una revelación. Al mismo tiempo me he enterado de que no era yo el único a quien se revelaban tales cosas. Ayer, al pasar por uno de los tantos puentes situados en la carretera, he visto al famo­so banquero Pepe sentado sobre una cazuela que giraba len­tamente impulsada por una cocinera. En la próxima bajada me han dicho que Pepe, a semejanza mía, ha decidido pa­sar el resto de sus días viajando circularmente. Para ello ha contratado los servicios de cientos de cocineras, que se re­levan cada media hora, teniendo en cuenta que una cocine­ra puede revolver, sin fatigarse, un guiso durante ese lapso. El azar ha querido que siempre, en el momento de pasar yo en mi cochecito, Pepe, girando en su cazuela, me dé la cara, lo cual nos obliga a un saludo ceremonioso. Nuestras caras reflejan una evidente felicidad.

Un cuento bastante directo, que inicialmente nos habla tan coloquialmente que se podría sentir que no fuera a suceder nada en especial y luego, cuando empieza ese viaje, nos despierta y nos transporta a la vez, haciendonos caer en la cuenta, de que un viaje de esta magnitud es el que nos hace falta a todos para encontrar de una u otra manera, nuestra felicidad.

Enlaces

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/pinera.htm

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2963

http://www.islaternura.com/APLAYA/NoEresElUnico/P/PI/VirgilioPinera/VirgilioPineraBIO.htm

http://cinosargo.bligoo.com/content/view/233625/Cuentos-de-Virgilio-Pinera-Llera.html









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